Salud

¡Houston tenemos un problema! Resistencias a los antibióticos

¿Te imaginas que tus hijos o nietos no puedan disponer de antibióticos?

La eficacia de los antibióticos está en peligro por las resistencias. Es decir la capacidad de los microbios de sobrevivir tras un tratamiento antibiótico.

Los antibióticos son un grupo terapéutico fundamental para el desarrollo de la humanidad, es uno de los pocos grupos de fármacos capaces de “curar”, muchos otros medicamentos nos tratan síntomas o mejoran nuestra salud, pero no llegan a proporcionarnos “curación”.

Hasta hace unos 60 años, una infección era frecuentemente mortal, no había forma de tratarla. Las infecciones microbianas segaron las vidas de millones de seres humanos hasta hace bien poco.

En menos de 50 años ¿podemos volver a ese escenario?

Nuestros medicamentos se están haciendo ineficaces frente a bacterias que cada vez son más capaces de soportar los tratamientos sin desaparecer, y por tanto manteniendo su poder patógeno, (causante de enfermedades).

No es un cuento pseudoapocalíptico, es una posibilidad plausible y por tanto una enorme preocupación sobre la que tenemos que tomar conciencia y actuar.  La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera las resistencias a los antibióticos una de las mayores amenazas para la salud mundial”.

Pero ni siquiera es un hecho futuro, sino que forma parte de la actualidad porque actualmente se estima que entre Europa y EE.UU mueren cada año unas  50.000 personas por  infecciones resistentes a los antibióticos (la estimación mundial es de unas 700.000 muertes).

La ciencia evoluciona, los investigadores se levantan cada día buscando soluciones, pero el descubrimiento de nuevos antibióticos es lento y el crecimiento de las resistencias de nuestro arsenal antibacteriano es rápido, lo que conduce a un futuro preocupante. Sobre todo en individuos con menor capacidad inmunitaria (ancianos, niños, enfermos, etc.)

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Ocasionalmente podemos leer noticias sobre investigaciones con nuevos antibióticos capaces de vencer a las bacterias resistentes, pero estos avances científicos, muchas veces por confirmar, no deben de mover el foco sobre la importancia de utilizar adecuadamente nuestros recursos y no malgastarlos.

La resistencia a los antibióticos  se puede originar por varios mecanismos, y para minimizarla  es fundamental una actuación general de la sociedad en numerosas vertientes.

Mi objetivo desde homoboticarius es transmitir con mis modestas posibilidades, concienciación en uno de esos eslabones necesarios: Vosotros.

Es responsabilidad del estado educar y concienciar a la sociedad y también promover  el correcto uso de antibióticos en ganadería o en los hospitales y optimizar las prescripciones médicas, (ojo!!! factores determinantes para haber llegado a la actual situación), siendo realista y contando verdades incomodas, estos tres eslabones tienen una enorme responsabilidad sobre el desarrollo de resistencias, (han tenido que aprender a manejar los antibióticos), pero también es responsabilidad nuestra conocer mínimamente y promocionar las buenas prácticas sobre el empleo de estos medicamentos para optimizar todos los factores que mejoren la perspectiva de futuro.

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Los datos estadísticos de este mismo año revelan una realidad sobre “nuestra parte” de responsabilidad:

  • Un 60% de los farmacéuticos se han visto presionados para vender medicamentos sin receta.
  • Un 50% de los médicos se han visto presionados para que receten antibióticos.
  • Un alto porcentaje de personas toma antibióticos que guardan en su botiquín automedicándose.
  • España es el país que más antibióticos consume de Europa. (Francia y Andorra también cuentan con una elevada tasa de consumo de antibióticos).
  • Se estima que en 2011 se prescribieron en EEUU, 40 millones de antibióticos de modo innecesario.

¿De verdad creemos que un alemán o un sueco están peor tratados por sus médicos frente a las infecciones?

En estos países, como ejemplo, se prescriben muchísimos menos antibióticos y no por ello la calidad sanitaria es baja.

Por otra parte no debemos de  “demonizar” el empleo de antibióticos ya que son medicamentos muy eficaces, imprescindibles e insustituibles para tratar numerosas patologías, solo se trata de utilizarlos correctamente.

Nuestro organismo dispone de un maravilloso sistema inmunitario capaz de luchar y combatir infecciones y no debemos obviarlo.

En primer lugar porque una parte de nuestra inmunidad es adquirida, es decir que hasta cierto punto debemos de permitir a nuestro sistema inmunitario que entre en contacto con agentes externos para que mejore su capacidad de defensa y sólo cuando las infecciones pueden ser graves o producirnos inconvenientes, debemos recurrir a los antimicrobianos.

Pero entonces: ¿Quién conoce el justo término de este sistema?

  • Nuestro médico.

Hay que continuar una tendencia que las farmacias ya cumplen, que es la prácticamente inexistente venta de antibióticos sin prescripción médica.

Sobre este eslabón se ha mejorado muchísimo la situación en los últimos 10 años, diría que es realmente el único que ha cambiado su tendencia de un modo realmente tajante y constatable, sin embargo el consumo de antibióticos no ha decrecido y queda una gran labor de educación y concienciación de la sociedad sobre su correcto empleo.

Además, es fundamental tomar adecuadamente los antibióticos, una vez prescritos.

Los microbios crecen de un modo exponencial (se estima que E. coli puede desarrollar mil millones de bacterias en 10 horas). Acordémonos de este dato y pensemos que cuando tomamos un antibiótico es fundamental mantener durante todos los días del tratamiento un nivel suficiente de antibiótico en sangre para que realmente sea eficaz, estamos librando una batalla por eliminarlos y ellos una, por desarrollarse rápidamente, de aquí la enorme importancia de respetar tanto las horas de toma, como los días totales de tratamiento.

Las bacterias vuelven a multiplicarse por millones en las horas en que nos quedamos sin un adecuado nivel de antibiótico en la sangre, o en los días posteriores si dejamos el tratamiento a medio (porque consideramos que estamos mejor) o por falta de constancia.

Estaremos seleccionando a las bacterias más resistentes que se quedarán dentro de nuestro organismo y  podemos transmitirlas a otras personas o al ambiente.

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También es crucial emplear el producto correcto.

Lo que cualquiera piensa que puede ser una infección, pueden ser producida por virus, bacterias hongos, protozoos o ácaros. A veces podemos tener una infección mixta, es un asunto complejo que debe de ser manejado por un médico, es muy importante tomar el antibiótico tras un diagnóstico adecuado.

Si en otra ocasión anterior se nos recetó determinado antibiótico, esto no supone que en una posterior enfermedad este sea el tratamiento indicado, (aun teniendo síntomas similares a nuestros ojos).

Si realizamos tratamientos inadecuados (porque el antibiótico no sea el efectivo) o el antimicrobiano se administra inadecuadamente (ya sea  por mala dosificación o abandono del tratamiento antes de tiempo), los microorganismos  tienen la capacidad de hacerse resistentes al medicamento, tienen la capacidad de adaptarse a las nuevas situaciones.

Los antibióticos eliminan a los microbios, (no a todos) hay antibióticos que actúan sobre muchos tipos de bacterias y otros sobre determinados grupos de microorganismos más concretos.

Los antibióticos no son eficaces sobre los virus, por ello si tomamos un antibiótico para tratar un resfriado, una faringitis, muy probablemente vírica, lo más fácil es que sea inútil y que terminemos  teniendo en nuestro organismo más posibilidades de mantener microbios resistentes a ese antibiótico, mientras que los virus han continuado expandiéndose y generando el ciclo de la gripe o catarro sin mejorar nuestra sintomatología por haber consumido este tratamiento inadecuado.

También es cierto que a veces (no siempre), tras una infección vírica bajan las defensas y puede asociarse una infección bacteriana, pero las diferentes casuísticas son tantas y tan diferentes que no podemos jugar a médicos por el peligro que puede entrañar.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra inmunidad, para necesitar menos antibióticos?

En primer lugar contamos con las vacunas, que han logrado salvar cientos de millones de vidas desde su descubrimiento. La relación riesgo-beneficio de su empleo es tan abrumadoramente positiva que lleva al absurdo cualquier cuestionamiento.

Una práctica fundamental para evitar la transmisión de infecciones es la costumbre de lavar las manos frecuentemente que disminuye la transmisión de bacterias de un modo tremendamente eficaz y que todos los estudios realizados demuestran la enorme importancia de este sencillo gesto.

Debemos ventilar adecuadamente las estancias, también en invierno. Oficinas, colegios, gimnasios y demás lugares comunes.

Es muy importante beber agua, mantener las mucosas hidratadas, mantener la temperatura corporal estable, sin someterse a cambios bruscos o extremos y si lo hacemos abrigarnos.

Una buena alimentación nos ayuda a tener en perfectas condiciones nuestro sistema inmunitario. Está ampliamente demostrada la importancia de determinados nutrientes sobre el correcto funcionamiento del sistema inmune, podemos resaltar:

  • Vitamina A, ácido fólico, vitamina B6, y B12, vitamina C y vitamina E.
  • Minerales como: Hierro, zinc, cobre y selenio.
  • Un adecaudo aporte de de grasas insaturadas (omega 3, 6, 7 principalmente), favorece una mejor respuesta inmunitaria.

Se ha demostrado en diferentes estudios que ingerir una cantidad  de vitamina E superior a los requerimientos básicos contribuye a mejorar el sistema inmunitario. Pero esta dosis debe de ser supervisada por un técnico porque la vitamina E en altas dosis puede ser tóxica.

Consumir  un nivel  adecuado de antioxidantes protege y mantiene en óptimas condiciones a nuestras células responsables de la inmunidad.

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Mantener un correcto sistema depurativo mejora la inmunidad por lo que  ayudar a nuestro hígado y riñones a mantener su  óptimo funcionamiento mejora nuestra capacidad inmunitaria, podemos realizar como preventivo general 2 tratamientos “detox”, (en  primavera y otoño), o siempre que haya un motivo que lo justifique. nuestro organismo posee un excelente sistema detox pero en ocasiones ayudarle a que rinda al 100% es beneficioso.

También se estudia la influencia del pH corporal sobre diferentes funciones fisiológicas, entre ellas la inmunidad. Para mantener el pH alcalino adecuado, en general debemos de tomar en nuestra dieta una suficiente cantidad de verduras y frutas. Es obvio que nuestro cuerpo ya regula nuestro pH pero si tendemos a que el esfuerzo por equilibrarlo sea excesivo, poner atención para equilibrarlo contribuirá a nuestro bienestar.

El correcto descanso, mantener cierta actividad física mínima y nuestro estado anímico, (manejar adecuadamente el nivel de estrés y ansiedad), influyen sobre nuestras defensas.

También podemos tomar algunos productos para mejorar nuestro nivel inmune. El grupo más importante por las evidencias científicas existentes son los probióticos.

Los probióticos son microorganismos vivos que  forman parte de nuestra microbiota o flora normal, no solo a nivel intestinal, sino en piel y mucosas. Ejercen importantes funciones en sinergia con nuestro organismo y además compiten con las bacterias patógenas por colonizar los hábitat no estériles de nuestro organismo.  Los probióticos ejercen una acción preventiva de numerosas infecciones y también son muy útiles tras haber realizado un tratamiento con antibióticos para reponer una cantidad suficiente de flora microbiana benigna, porque cuando el antibiótico actúa lo hace sobre bacterias “malas” y “buenas”. Tomar probióticos tras o simultáneamente a un tratamiento con antibióticos reducirá los posibles efectos secundarios del antibiótico.

Además de la capacidad de competir  con los posibles microorganismos dañinos, la flora normal mejora la absorción de nutrientes, entre ellos vitaminas muy importantes para  el sistema inmunitario, también mejora la capacidad de barrera, la permeabilidad hacia  el interior de alérgenos y microorganismos.

Existen diversas plantas medicinales que se emplean por su capacidad de incrementar las defensas, a veces se denominan “inmunocéuticos”, la más conocida quizás es la equinácea, otras  sustancias que parecen tener posibles efectos estimulantes del sistema inmunitario, son: los hongos : Reishi, shiitake, maitake, esquizófilo común y plantas como el noni y la uña de gato. Todas estas sustancias muestran actividad inmunoestimulante, aunque existen investigaciones que dan resultados positivos, faltan estudios que corroboren  su efectividad y amplíen la información sobre sus componentes.

También existen plantas que pueden actuar como antimicrobianos naturales: Ajo, salvia, orégano, árbol del té, limón, propóleo, jengibre, pau d’arco, mirto, eucalipto, acacia, sello de oro, arándano rojo, té verde, para emplearlos adecuadamente consulta a tu farmacéutico.

Podemos evitar muchas infecciones de orina si tomamos arándanos rojos, podemos reducir los casos de infecciones vaginales por hongos con Pau d’arco o mejorar muchas faringitis con salvia, propóleo, etc.

En caso de elevada mucosidad es importante intentar eliminarla porque el acumulo de moco favorece las infecciones. Si tomamos un mucolítico y bebemos abundante agua, es frecuente que consigamos evitar una infección respiratoria o una sinusitis y por tanto evitar el tratamiento antibiótico.

Nunca debemos  pasar al  extremo de rechazar los antibióticos y solamente buscar tratamientos alternativos, como todo en la vida existe una justa medida. En tu farmacia te ayudaran a mantener y conocer mejor ese equilibrio. Y ya sabes porqué es fundamental realizar el tratamiento exactamente como te expliquen.

Jose Alberto Rubio Muñoz

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